El último apaga la luz

A veces se confunde y se piensa que el que permanece más tiempo en el trabajo, está más comprometido con la organización o es más responsable. 

Puede suceder que al ingresar a trabajar a una empresa, sintamos la necesidad de interiorizarnos del funcionamiento de nuestro lugar de trabajo en forma casi acelerada, por lo que nos quedamos más tiempo de la jornada laboral. 

Esto puede parecer casi normal, pero a la larga es difícil de sostener y hasta innecesario. 

Existen situaciones, que escapan a la regla, por ejemplo, que se produzcan  retrasos en la entrega de elementos necesarios para el proceso de trabajo, algún desperfecto en las máquinas, demoras en la entrega de documentación, etc, que pueden requerir que prolonguemos la jornada. 

Pero son situaciones que a veces escapan a lo planeado, nos las habituales. 

Otras causas obedecen a una deficiente administración del tiempo con la agenda laboral, como demorar el inicio de las tareas, emplear el tiempo en otras acciones ajenas al trabajo, etc. 

Generalmente, una distribución adecuada de las tareas a realizar y un manejo inteligente del tiempo, no debería dar margen para quedarnos en el lugar de trabajo, más tiempo de lo necesario.

En relación a quienes tienen a su cargo la gestión de personas, comparto un artículo publicado en areaRH.com escrito por  Natalia Sanmartín, Cuando el problema es el jefe, donde realiza una descripción de tres modelos posibles:

El adicto. La abundancia de directivos con adicción al trabajo es uno de los motivos que explican las largas jornadas laborales que se soportan en España. “Los adictos al trabajo arrastran a los demás. Son incapaces de ponerse en el lugar de los otros y de darse cuenta de que hay un problema y que el problema son ellos mismos”, explica Paco Muro, de Otto Walter España.

El equivocado. Otro perfil de ejecutivo que ve con buenos ojos el exceso de horas es aquel que cuenta con una cultura empresarial baja y considera que exprimir a los colaboradores es la mejor forma de obtener buenos resultados. “No sabe dirigir a su gente por rendimiento y por objetivos y hace lo fácil: mirar si estás en tu mesa hora tras hora”, señala Muro.

El antihogar. Es un modelo de directivo que nunca parece tener prisa por irse a casa. “Se da en muchos ejecutivos que llegan a la cincuentena. Sus hijos son mayores y se preguntan: ¿qué voy a hacer en casa a las siete de la tarde?”, explica Paco Muro. Una versión de este perfil es el del directivo extranjero que vive en un hotel y prefiere trabajar a irse a su alojamiento.

Una buena planificación de las tareas por parte de los responsables de la gestión de personas debería buscar el equilibrio entre la vida laboral, familiar y social, es tan importante como necesario para cuidar de la salud psicofísica de los trabajadores, contribuir a mejorar el clima laboral y consecuentemente la salud de la empresa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s