La Responsabilidad de formar profesionales con criterio

El siguiente material es una transcripción del artículo del mismo nombre publicado en abc Recursos Humanos.

Su autor es el Dr. C.P. Sebastián Luis Lavena, Jefe de Trabajos Prácticos Ordinario, Universidad Nacional Rosario (UNR), quien expone sobre la responsabilidad de las universidades y sus docentes en la formación de los nuevos profesionales.

I) Acerca de “la responsabilidad social de las universidades”.

Los alumnos deben saber y tomar conciencia de que a las universidades llega sólo un sector de la sociedad, en contraposición a otros sectores, que por razones de diversa índole se ven imposibilitados de acceder a la educación superior. Razón por la cual tienen ante la sociedad una enorme deuda que deberán saldar dando lo máximo en el futuro al actuar en su vida profesional. Esta responsabilidad social atañe también a las universidades como instituciones, a sus dirigentes, personal y cuerpo docente, comprometiéndonos a dar una educación de calidad. La universidad debe dar respuesta, sin producir un desequilibrio en el desarrollo del conocimiento – obviamente desde sus funciones – a las expectativas y necesidades del mercado. Actualmente, el Ministerio de Educación Nacional lanzó un programa que propone mejorar la enseñanza de Ciencias Exactas, Naturales y Económicas en las instituciones de nivel superior: “Necesitamos instituciones educativas con una gran responsabilidad por los resultados” (ministro de Educación Nacional Juan Carlos Tedesco). En líneas generales se trata de un programa trienal que punta a mejorar el equipamiento de las instituciones universitarias y la formación de los docentes. El plan se especificará en proyectos cuyo plazo de ejecución será de febrero de 2009 a diciembre de 2011, y propone que cada universidad, a través de estos proyectos, ponga en marcha o consolide sistemas de tutorías e introduzca mejoras en la intensidad de la formación práctica de los alumnos ingresantes a través de la adquisición de equipamiento, software y bibliografía, así como también pueda prever acciones que mejoren la formación pedagógica de los docentes de primer año.

II) Prepararse para el cambio.

Por la característica de nuestra profesión normalmente los contadores estamos más apegados a normas y reglas . Ese apego puede afectar nuestra creatividad y es el que lamentablemente en repetidas ocasiones solemos transmitir a nuestros alumnos. Muy seguramente, y sólo por dar un ejemplo, la normativa impositiva habrá variado sustancialmente en relación a aquella que en su momento se estudió siendo alumno. Por ello es que además de saber la materia el alumno deber ser capaz de interpretarla y sacar sus propias conclusiones y reflexiones, de modo que sepa, en su futuro ejercicio como profesional, enfrentar los cambios que inevitablemente van a acontecer. 400 años a.c. Heraclito decía que “la única cosa que no cambia es el cambio y en la actualidad la única cosa constante es el cambio”. Esta situación de permanente cambio genera turbulencias y al mismo tiempo preocupaciones.

III) Enseñar a pensar. Generar la duda en la clase.

Antes de abordar el presente punto me parece importante apuntar la reflexión de Nérici cuando dice: “…nadie puede, con propiedad, enseñar nada a nadie. Lo que se puede hacer es sensibilizar a otra persona de modo que sienta y quiera vencer ciertos obstáculos.” Es por ello que de aquí en adelante cuando me refiera al término “enseñar”, lo haré en el sentido expresado por tan prestigioso docente.
Ahora bien, ¿qué es pensar? Es comprender, es captar el significado de lo que se lee y se escucha. ¿Cuál es el riesgo? Que los alumnos sean instruidos pero no cultos. Ser instruido es saber de memoria la ley del impuesto a las ganancias, entenderla y meditarla es ser culto. Ahora bien, ¿ es nuestra responsabilidad enseñar a nuestros alumnos a pensar a esta altura de sus carreras? Considero que los alumnos sí saben pensar y que lo hacen muy bien, pero lo que, tal vez esté faltando, es que se les estimule dicho ejercicio.
Existen innumerables métodos y consejos para enseñar a pensar, basta con poner en el buscador de internet y encontraremos cientos de miles de respuestas a dicho requerimiento. Podemos mencionar algunas simples recomendaciones. Por ejemplo, en muchas ocasiones suelen dar resultado ciertas preguntas que por obvias no resultan menos efectivas tales como: ¿por qué? Y ¿para qué?, ¿ Ud. qué piensa? Y allí se generan entonces las “terribles dudas”. Según el pedagogo Estanislao Antelo: “si la duda es la jactancia de los intelectuales, ¿cuál es la de los que no dudan? Por ello, uno de nuestros roles como docentes debe ser el de generar en los alumnos la “llama de la duda” para que una vez instalada la desmenucen, la analicen, y sin apurarse, logren una salida adecuada y razonable a la situación planteada. Tamaña satisfacción nos produce cuando el grupo de trabajo plantea una solución que nunca había sido considerado por la cátedra, lo cual genera un enriquecedor debate que llega inclusive hasta el nivel de los profesores de la asignatura. Además todos aprendemos de todos.

IV) El concepto de transposición didáctica:

La transposición didáctica es la transformación del saber científico en un saber posible de ser enseñado. De dicho concepto se desprende la lógica conclusión ya abordada por los autores Hernández – Sancho que “para enseñar no basta con saber la asignatura”, sino también poder transmitirla a los alumnos de manera que pueda ser comprendida conforme a su grado de capacitación.
¿Qué es saber la asignatura?. Básicamente es poder contar con la formación universitaria específica y con la práctica profesional necesaria y suficiente que permita brindar a los alumnos la mejor experiencia del docente en el manejo de los problemas que surgen hoy de la realidad. Pero además, debemos centrarnos en el rol específicamente docente, y siguiendo la propuesta de los mencionados autores, se necesita un cambio de actitud. ¿En qué consiste esta actitud?: 1.- reflexionar sobre nuestra práctica, sobre cómo integrar los aspectos profesionales con los docentes para lograr mejores resultados y alcanzar la calidad de educación deseada. 2.- valorar ambos roles: el rol docente en la universidad es tan importante como el profesional. Y tal como lo expresa el autor Juan Klein: “ya no basta con transmitir conocimientos, debemos hacer que los alumnos desarrollen el pensamiento crítico, manejen la información adecuadamente y aprendan a resolver problemas. Debemos dejar el rol de “transmisor” para pasar a la posición de “mediadores” o “guías” o “tutores” del aprendizaje de los alumnos”.

V) El Método de Casos: un recurso interesante.

La metodología de casos se viene aplicando con interesantes resultados en el desarrollo de las clases de la cátedra que integro. Sobre todo porque encontramos en este recurso un importante aporte a la necesidad que venimos marcando de formar a los alumnos para el trabajo profesional. Durante el transcurso del cuatrimestre, los alumnos deben resolver un caso integral, donde diseñan e implementan todo el sistema de registraciones administrativo contable de una empresa en particular. Se pone de este modo a los alumnos lo más cerca posible al desarrollo de la profesión independiente: deben trabajar en equipo, tienen un plazo determinado para la entrega de los trabajos parciales (los cuales forman parte del caso integral), debiendo defender su postura ante la clase. El profesor actúa casi exclusivamente como guía o tutor. Así se produce la transferencia de conocimientos entre los propios alumnos, ya que se destina tiempo para el intercambio intergrupo. Se pretende que los alumnos estudien la situación, definan los problemas, lleguen a sus propias conclusiones sobre las acciones que habría que emprender, contrasten ideas, las defiendan y las reelaboren con nuevos aportes, lo cual logra en gran medida aquello que todos los docentes buscamos: generar interés por nuestra materia.
Se trata de un recurso utilizado por las más importantes casas de estudio del mundo, con una óptima aplicación en nuestro país, y notada en nuestra materia, reconocida fundamentalmente por sus destinatarios: los alumnos. Claramente se advierte que el método de casos aumenta la motivación del alumnado por el tema de estudio al confrontarle con situaciones relativas al ejercicio de la profesión. Las situaciones de aula son más motivadoras y dinámicas, ya que facilitan una mejor asimilación de los conocimientos. Incrementa asimismo la flexibilidad de los alumnos, que toman conciencia que respecto a la situación planteada puede haber más de una solución. Si bien también tenemos algunos inconvenientes, tales como la irregularidad en la cantidad de alumnos cursantes por cuatrimestre, la deficiencia de algunas aulas en cuanto a sus dimensiones, etc., disfrutamos de la plena seguridad de que el método es una herramienta efectiva para el lograr los objetivos trazados. Así también lo entiende el autor Juan Klein, quien señala que “el método de casos prepara para enfrentar el escenario actual, y el futuro próximo, porque prepara para el cambio y para el aprendizaje continuo”.

CONCLUSIÓN: ESTAMOS TODOS INVITADOS.

La responsabilidad que nos atañe como profesores de materias de práctica profesional no debe ser soslayada. Si bien sabemos que no podemos hacer milagros en un cuatrimestre, creo que nuestra actitud ante las circunstancias actuales y frente al dictado de la clase se torna fundamental para comenzar a introducir a los alumnos en la vida profesional. Somos el último eslabón en la carrera del alumno. Y debemos hacernos cargo de ello.
Por ello concluyo el trabajo haciendo una invitación a todos los profesores a implementar -aunque sea para un determinado punto del programa – la metodología de casos. Quizás el próximo simposio genere entonces opiniones de los resultados obtenidos, y el aporte de ideas que puedan enriquecer el debate.

Autor:DR. C.P. SEBASTIAN LUIS LAVENA – JEFE DE TRABAJOS PRACTICOS ORDINARIO – Universidad Nacional Rosario (UNR).

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