De estadísticas socioeconómicas…

Fuente: Clarín Miércoles 13, Mayo 2009
Por: Javier Lindenboim
Economista, Profesor consulto UBA, Invest. CONICET, Director CEPED

El maquillaje no baja la pobreza

Hay un enorme retroceso en la Argentina en torno a la producción y difusión de estadísticas socioeconómicas. La ausencia de credibilidad y la urgencia de políticas contra el desempleo y la desigualdad deben ser parte del debate preelectoral.

Es sabido que desde la profundidad de la crisis 2001-2002 para los sectores populares la evolución posterior ha sido claramente positiva. El desempleo ha mermado fuertemente, la precariedad ha caído (aunque con suma lentitud), el salario real ha retornado (si bien diferencialmente entre subsectores del mercado laboral) a los valores inmediatamente previos a la crisis, la participación salarial en el producto ha recuperado alrededor de la mitad de lo que resignó en la última década, la pobreza en hogares en 2006 ha vuelto a los niveles previos a la crisis de 2001, etc.

El mayor interrogante, por cierto, es si esos elementos de juicio aluden a que la etapa del ajuste (nombre que, alternativamente, se ha asignado a la década de los años noventa o al último cuarto del siglo XX) ha concluido.

La relevancia, parece innecesario decirlo, radica en que la desigualdad, la pobreza y la indigencia crecieron de tal forma a lo largo de las últimas tres décadas que su clausura o no como ciclo económico, social y político resulta esencial.

La respuesta es incierta por, al menos, dos tipos de razones. La primera, sustantiva, refiere a lo incompleto de los análisis del período reciente. Hay quienes sostienen que estamos en presencia de un nuevo modelo económico y productivo e incluso ante un nuevo mercado de trabajo. Otros, en cambio, afirman que los favorables y notorios cambios registrados desde mediados de 2002 se asentaron más en el efecto asociado con la devaluación monetaria y la utilización de capital ocioso, en primer lugar, y con el aprovechamiento de condiciones de demanda internacional y de mejoramiento de los términos de intercambio que beneficiaron no sólo a la Argentina sino a toda la región, en segundo.

De manera que el impacto presente (2009) de la crisis mundial sobre estas condiciones ventajosas de índole internacional podría poner en cuestión una parte no menor de las mejoras regionales alcanzadas. Incluso las cuestionadas estadísticas oficiales muestran un detenimiento de las tendencias más auspiciosas en materia de generación de empleo, que caracterizaron los años posteriores a la crisis local hasta comienzos de 2007.

Adicionalmente, este último período marca la relevancia del adecuado tratamiento de los fenómenos de la pobreza y el desempleo. No siendo este último el único factor relevante para el aumento de las distintas formas de pobreza, vuelve a cobrar significado especial el tipo de puesto de trabajo asequible y, en especial, la retribución obtenida en el mismo. Complementando esto, debe agregarse algo por demás relevante: se trata de la naturaleza diferencial de la pobreza, más allá de que los niveles vuelvan a ser “moderados”.

Los efectos de períodos prolongados de la vida de grupos familiares en condiciones de pobreza seguramente dejan marcas que no son sólo relativas a los aspectos materiales de la cotidianeidad.

La segunda razón es, sólo aparentemente, formal. Se trata del enorme retroceso registrado en Argentina en torno de la producción y difusión de las estadísticas socioeconómicas.

La ausencia de credibilidad, inicialmente referida “sólo” al índice de precios al consumidor (desde comienzos de 2007) y por derivación con incidencia directa en las estimaciones sobre la pobreza, en la actualidad se ha extendido de manera impensada no mucho tiempo atrás: se desconocen las bases usuarias de la EPH posteriores al primer trimestre de 2007; se duda con fundamento –incluso– de las cifras de crecimiento económico; hay fuertes indicios de que las propias informaciones de prensa relativas al empleo y al desempleo (de las cuales no se conoce su origen por no haber acceso a las bases de datos) resultan inconsistentes con las demás informaciones disponibles, incluso muchas de fuente oficial.

Si en los años recientes la dinámica del mercado interno se asentó fuertemente en el aumento de la fuerza laboral asalariada más que en el mejoramiento significativo de su capacidad de compra, puede preverse que la menor capacidad de la economía argentina para mantener un alto ritmo de creación de empleo cercena una de las virtudes más claras de los últimos años en la consolidación de un proceso de disminución de las condiciones de pobreza e indigencia.

El uso de estadísticas alternativas a las oficiales sugiere, incluso, que se habría revertido la dinámica de disminución de la pobreza y de la indigencia.

De ser esto cierto, se abre un debate ciertamente relevante que no puede en modo alguno circunscribirse a los efectos locales de la crisis internacional pues alude a fenómenos que la preceden: cómo debe la sociedad argentina actuar para luchar con más éxito en materia de desigualdad y pobreza.

Aquí hay, indudablemente, una asignatura pendiente. Lo que sería deseable es que dicha asignatura estuviera en el centro de los próximos debates políticos.

Fuente: Clarín  Miércoles 13, Mayo 2009

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3 comentarios en “De estadísticas socioeconómicas…

  1. Está bueno el artículo. No sólo refleja la precariedad en la difusión de los indicadores socioeconómicos sino que, además, pone el acento en la falta de credibilidad de nuestros instituciones públicas, llámese el Indec. Hoy, lamentablemente debemos guiarnos por consultoras e institutos privados de dudoso origen y de escasa capacidad de acción como la que tienen los organismos públicos. Es el resultado no deseado.
    Igualmente considero que, después de la crisis del 2001-2002, las “mejorías” en nuestro sistema económico (con sus respectivos beneficios para todos los sectores) fueron el resultado de un modelo económico-político determinado ayudado por un contexto internacional muy favorable. No a la inversa como muchos lo creen.

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  2. Coincido con Lucas, haciendo hincapié en su aporte del ultimo párrafo. Es decir si las políticas puestas en marcha desde 2002 han sido resaltadas como favorables en gran parte de los aspectos socio-económicos, porque jugar a las escondidas con cifras y estadísticas oficiales generando un manto de dudas y pérdida de credibilidad.
    De todas maneras creo que si bien hemos dejado atrás un comienzo de siglo bastante crítico, no creo que haya habido un cambio radical en la política socioeconómica. ¿podemos decir que el neoliberalismo (modelo que caracterizó a los 90 en nuestro país) ha sido neutralizado?

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    1. Hola Lucas,
      Hola Santiago, gracias por leer el blog!
      No disponer de esos datos libremente, coarta la posibilidad de realizar otras reflexiones e investigaciones por parte de los centros de investigación.
      Este es un ejemplo de como la intervención de otros intereses/poderes donde no debería perjudica la credibilidad y la información que se transmite.
      Saludos

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